Karl, un aleman bien macizo paso por mi casa a que le hiciera un masaje, tanto le gusto lo que le hacia que no paraba de moverse y cuando se dio la vuelta y yo vi su rabo engordar no pude resistirme a la tentacion de llevarmelo a la boca. Un minuto mas tarde el semental aleman ya estaba follandome el culo lo bestia para acabar regandolo de una buena lefada.
Ander estaba caliente esa mañana y no tardó en encontrar un tío bien dotado para pasarlo bien. Volvió al apartamento para prepararse y dejó la puerta entreabierta, esperando a su polvo, a cuatro patas.